Georges Méliès - L'homme a la tête en caoutchouc (1901) ¿LOS PRIMEROS EFECTOS ESPECIALES DEL CINE?




Excelente documento...!!!
Y hablando de efectos especiales y del gran Méliès, otro film de EFECTOS ESPECIALES que se puede decir sin ningún temor que es de los primeros de la historia del cine...!!!

Duración: 2:23 minutos
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Paris, año 1900: Exposición Universal















FOTO:


Panorámica de la Exposición Universal de París







La Exposición Universal de París (1900) tuvo lugar del 15 de abril al 12 de noviembre de 1900 en París, Francia.

Tenía una superficie de 120 hectáreas, fue visitada por 50.860.801 personas, participaron 58 países y tuvo un coste total de 18.746.186 dólares.

La estación de Orsay (ahora Museo de Orsay), el Petit Palais, el Grand Palais y el puente Alejandro III fueron construidos para celebrar la exposición universal. El Petit Palais y el Grand Palais fueron construidos sobre el emplazamiento del Palacio de la Industria, el fruto de una exposición precedente y universal (1855).

Una gran noria fue construida en la avenida de Suffren . Tenía un diámetro de 100 metros y fue demolida en 1937.

Los Juegos Olímpicos de París 1900 fueron organizados durante la exposición.

FOTOGRAFÍAS DE LA EXPOSICIÓN DE PARIS



Entrada principal a la Exposición



Grand Palais



Petit Palais




El Trocadero
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Hermanos Lumiere: Arrivo de un tren (1895)






Directores:
Auguste y Louis Lumiere.

Año:
1895

La primera exhibición ocurrió el 28 de diciembre de 1895, cuando Auguste y Louis Lumiere mostraron una selección de 10 films cortos a una audiencia que pagó por verlos en un café parisino.
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Hermanos Lumiere pioneros del cine (1898)

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William Kennedy Laurie Dickson - BIOGRAFIA


William Kennedy Laurie Dickson (Francia, 1860 - Londres, 1935), director cinematográfico, fotógrafo e ingeniero anglo-francés.

Creció en Inglaterra pero, en cuanto alcanzó la madurez, viajó a los Estados Unidos para buscar fortuna con la compañía de Thomas Edison.

Dickson era un fotógrafo aficionado y había seguido el trabajo de varios pioneros en la búsqueda de lo que luego habría de ser el cine. Durante su empleo en el laboratorio de Thomas Alva Edison, en Menlo Park, Dickson tuvo la oportunidad de investigar las maneras de registrar el movimiento en la película fotográfica, inspirándose al principio, en métodos similares a la forma en que el fonógrafo de Edison grababa el sonido. Los primeros esfuerzos involucraron un tambor que giraba iluminado por una luz estroboscópica.

Fue capaz, en 1890, de crear una cámara y un visor que utilizaban tiras largas de película para capturar el movimiento en marcos individuales. En 1891, Edison archivó una patente para el invento, que recibió el nombre de kinetoscopio.

A mediados de la década de 1890, los salones con kinetoscopios se volvieron un entretenimiento popular mediante el cual los norteamericanos conocieron por primera vez las películas con movimiento. Dickson empezó trabajando en un proyector para que pudieran desplegarse las películas al mismo tiempo para grandes grupos.

Después de separarse de Edison, fundó su propia compañía y creó una cámara junto con el sistema proyector. La compañía, denominada American Mutoscope and Biograph Company, lanzó sus propias películas y en el futuro se convirtió en uno de los más grandes estudios de cine de su tiempo.

Dickson volvió a Londres en 1897 y, después de viajar y rodar películas durante varios años, abandonó la industria cinematográfica para convertirse en ingeniero eléctrico. Considerado uno de los padres del cine, falleció en 1935.
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Film sonoro experimental de William Dickson (1895)



De William Dickson. Finales de 1894 o principios de 1895.
Es el primer film que se conoce con grabación simultánea de sonido y el primer film realizado con el sistema Kinetophone, desarrollado por el propio Dickson y por Thomas Edison.

Según Wikipedia:


La película sonora experimental de William Dickson, en la que él mismo intervenía interpretando a un violinista, es un pequeño cortometraje de unos 17 segundos, en el que se pretende explotar el fonógrafo inventado por Thomas Edison. La película consiste en la filmación simultánea de una pequeña sesión de violín mientras dos hombres (supuestamente compañeros de laboratorio de Dickson y Edison) bailan alegremente al son de la música, con el fin supuestamente de sincronizar o demostrar la sincronía de imagen y sonido. La película en cuestión fue rodada en 1895 aunque no fue estrenada en su momento. Hoy se conserva la imagen, aunque el cilindro fonográfico se ha perdido. Entre 1904 y 1913 se rodaron algunas películas más, con cierto contenido argumental (Julio César de 1904 es un buen ejemplo) con el método del Quinetoscopio (kinetophone).
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Hermanos Lumière - BIOGRAFIA



Louis Jean (5 de octubre de 1864 – 6 de junio de 1948) y Auguste Marie Louis Nicholas (19 de octubre de 1862 – 10 de abril de 1954) fueron los inventores del proyector cinematográfico.

Ambos nacieron en Besançon, Francia, pero crecieron en Lyon. Su padre, Antoine Lumière, tenía un taller fotográfico y ambos hermanos trabajaban con él, Louis como físico y Auguste como administrador. Louis hizo algunas mejoras en el proceso de fotografías estáticas.

A partir de 1892 los hermanos empezaron a trabajar en la posibilidad de imágenes en movimiento. Patentaron un número significativo de procesos notables, como agujerear la cinta del film para permitir su movimiento por la cámara.

Crearon un aparato que servía como cámara y como proyector: el cinematógrafo, que se basaba en la persistencia retiniana de imágenes en el ojo humano. Ellos cargaban las piezas de la cámara filmadora en un cajón para su traslado.

El cinematógrafo fue patentado el 13 de febrero de 1894. Así, en el verano de 1894, los hermanos Louis y Auguste Lumière tenían a punto la cámara que servía tanto como tomavistas o como proyector, y con ella llevaron a cabo su primera filmación ese otoño. El 22 de marzo de 1895 fue mostrada en París en una sesión de la Société d'Encouragement à l'Industrie Nacional la conocida La sortie des ouvriers des usines Lumière à Lyon Monplaisir («Salida de los obreros de la fábrica Lumière en Lyon Monplaisir»), rodada tres días antes el 19 de marzo de 1895.

Tras diversas presentaciones en sociedades científicas, en la Universidad de la Sorbona, en Bruselas y otros lugares, se procedió a su explotación en la primera sesión exhibida para un público comercial, como primer espectáculo de pago el 28 de diciembre de 1895 en París, en el Salon Indien del Grand Café, en el Boulevard des Capucines, donde se proyectaron varias cintas entre las que destacaban, aparte de la ya citada Salida de la fábrica Lumière, otras como Llegada de un tren a la estación de la Ciotat o El desayuno del bebé, e incluía la primera película de ficción: El regador regado. Así, con este catálogo, el cine comenzó su historia a modo de documental, como testigo objetivo de la vida cotidiana.

Los hermanos pensaban que «el cine es una invención sin ningún futuro», utilizable sólo para el ámbito de la intimidad. No obstante, aprovecharon todo lo que el nuevo invento les ofreció para generar riqueza y montar un negocio rentable. Los Lumière enviaban un cinematógrafo y un operador allá donde era requerido, por ejemplo a la Coronación del zar Nicolás, etc. Con estas cintas rodadas en los lugares más exóticos del planeta surge el montaje.

Su posición económica y el interés que mostraban hacia la ciencia les hizo menospreciar las posibilidades comerciales de su invento, por lo que finalmente abandonaron la producción cinematográfica.

En 1903 patentaron un proceso para realizar fotografías en color, el Autochrome Lumière, lanzado al mercado en 1907.

Actualmente su cámara esta en el museo de cine de Paris, con la de George Méliès.




Placa recordatoria en el frente de la casa donde nacieron los hermanos Lumiére, en Besançon, Francia.
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El día en que una máquina empezó a imprimir la vida (Hermanos Lumiére)

"Este aparato inventado por MM. Auguste y Louis Lumière, permite recoger, en serie de pruebas instantáneas, todos los movimientos que, durante cierto tiempo, se suceden ante el objetivo, y reproducir a continuación estos movimientos proyectando, a tamaño natural, sus imágenes sobre la pantalla y ante sala entera".

Los hermanos Lumière pegaron el extravagante cartel en la vidriera del Grand Café, en el número 14 del Boulevard des Capucines, a orillas del Sena. Luego de varios ensayos exitosos había decidido presentar su invento en París. El fotógrafo Clément Maurice, amigo de Auguste, se había encargado de buscar el lugar idóneo: un saloncito en el sótano del café, denominado Salon Indien y que hasta poco antes se utilizaba como sala de billar. El lugar era pequeño, lo que escondía algunas ventajas: un fracaso pasaría inadvertido, mientras que un éxito generaría amontonamiento de gente en las calles.

La negociación con el dueño, un italiano de apellido Volpini, no había sido sencilla. Le ofrecieron el 20 por ciento de la recaudación, pero el tano, con poca confianza en el nuevo invento, no arregló hasta conseguir un contrato por un año a 30 francos diarios.

Los Lumière decidieron hacer la presentación el 28 de diciembre. La entrada costaría un franco y las exhibiciones serían cada media hora. Distribuyeron invitaciones entre algunas personas en cuya asistencia estaban especialmente interesados: entre otros, el director del Museo Grévin, M. Thomas; el director del Folies Bergère, M. Lallemand; y el director del teatro Robert Houdin, George Méliès.

A pesar de todos los preparativos la convocatoria fue más bien modesta. Muchos de los invitados no asistieron, y la mayoría de los transeúntes que leían el cartel seguían su camino, indiferentes. Apenas algunos curiosos con media hora para perder bajaron hasta el Salon Indien. La recaudación fue de 35 francos, lo que apenas alcanzaba a cubrir el alquiler del local.

En medio de un escepticismo generalizado, se apagaron las luces. Un débil haz de luz surgió del fondo y se extendió hasta la pantalla blanca. Apareció entonces la plaza Bellecour, de Lyon, con la gente y los carruajes en movimiento. El descreimiento se transformó en asombro: ante sus ojos se exhibía un espectáculo jamás visto.


"Una de mis vecinas estaba tan hechizada, que se levantó de un salto y no volvió a sentarse hasta que el coche, desviándose, desapareció", recordó el periodista Henri de Parville. "Los que decidieron entrar salían un tanto estupefactos. Y muchos volvían llevando consigo a todas las personas conocidas que habían encontrado en el bulevard", contó Volpini.

Fue la primera proyección pública de la historia, y dio nacimiento a lo que conocemos como cine. Así surgió en 1895, hace hoy 112 años, la "máquina de imprimir la vida", como la llamaría años después Marcel L'Herbier. El cinematógrafo (cinématographe, en su idioma original) de los Lumière, una cajita de unos 20 centímetros por lado y 12 de profundidad, permitía tomar imágenes, proyectarlas y hasta copiarlas. Funcionaba con una película de 35 milímetros, al igual que el competidor kinetoscopio de Edison, pero tenía varias ventajas: corría a 16 fotogramas por segundo (frente a los 48 del invento estadounidense), lo que permitía un menor gasto de cinta, y no pesaba más que una cámara fotográfica con su trípode. De hecho, el paso de los años demostró que el aparato aún sigue siendo útil: en 1995, a propósito del centenario del cine, cuarenta directores de renombre realizaron cortometrajes con esta modesta máquina, reunidos en Lumière y compañía (Lumière et compagnie). El resultado puede verse aquí.

Diez rollos de 17 metros conformaban los primeros programas presentados por los Lumière. Eran películas breves e inocentes; mostraban escenas cotidianas que los espectadores habían visto una y mil veces. Y sin embargo generaban fascinación. Al día siguiente de aquella primera exhibición los periódicos se deshicieron en elogios, e incluso algún cronista alucinado destacó la autenticidad de los "colores" de las imágenes.

Aunque vulgares, aquellos primeros films son un retrato de la época, de una Europa que vivía la era industrial. Salida de los obreros de la fábrica Lumière (La sortie des usines Lumière) tiene una alta significación histórica y social: el Manifiesto Comunista aún estaba fresco y en 1895 se había fundado en Francia la Confederación General del Trabajo. El cine, tal vez de manera involuntaria, lo refleja al colocar a los obreros como protagonistas de la cinta.
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Hermanos Lumiére: Los primeros filmes de la historia del cine





Una selección de los primeros filmes de la historia del cine.

Los hermanos Lumiere filmaron:

1 - La salida de las usinas Lumiere
2 - Pasajeros bajando de una embarcación
3 - Dandole de comer a un bebé
4 - El regador regado (Seguramente el primer gag del cine mundial)
5 - Partida de cartas
6 - Demolición de un muro

Duración: 6 minutos 34 segundos
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Méliès, el hombre que viajó a la luna sin salir de Montreuil

Jean-Louis Stanislas Méliès impide que su tercer hijo estudie Bellas Artes, y le obliga a trabajar en su negocio, una empresa de calzado situada en el parisino Boulevard Saint-Martin. En sus ratos libres Georges, espíritu inquieto, se entrega fervientemente al dibujo, disciplina que no abandonará nunca. Su padre, pensando en la manera de que el chico se olvide de esas absurdas ideas artísticas, lo envía a Londres durante un año, con la excusa de que mejore su inglés. Es 1884. Pero en la capital inglesa, el joven, lejos de los deseos paternos, frecuenta asiduamente, el teatro Egyptian Hall que en aquella época dirigía Maskeline, un célebre ilusionista de la época. Allí descubre la magia, y rápidamente aprende sus primeros trucos. Esos que luego mostrará en secreto, para evitar las iras del patriarca, en el Cabinet Fantastique del Museo Grévin, a su vuelta a París.

Por Carlos Tejeda.
Fotografías: Méliès, el mago del cine



Viaje a la Luna (1902)

Méliès es un hombre imaginativo, habilidoso con sus manos, le atraen los ingenios mecánicos, le cautiva el teatro, sigue cultivando el dibujo y perfeccionando sus trucos de prestidigitación. Solo falta el lugar donde combinar estos explosivos ingredientes y crear sus fantasías. Y lo encuentra en 1888: el Teatro Robert Houdin, el del famoso ilusionista del mismo nombre que vende el local, situado en el 8 del Boulevard des Italiens. Allí montará con éxito espectáculos en los que combina piezas teatrales con magia. No acaba ahí la historia: unos años después es invitado a asistir a la primera proyección cinematográfica de los hermanos Lumière en el Grand Café, en el número 4 del Bulevar de los Capuchinos, en aquel ya histórico 28 de diciembre de 1895. Méliès queda impresionado y su inagotable mente que, siempre está maquinando ideas, hace que lance una oferta para incluirlo en su función. Ante la negativa, el prestidigitador acaba comprando el aparato de otro inventor, Robert William Paul, y en abril de 1896 ya se halla realizando proyecciones en su teatro. Su deseo por crear sus propias películas le lleva a transformar el artilugio de Paul en una cámara con la que rueda su primer filme Partida de naipes. Sus metrajes siguientes continúan la línea de la factoría Lumière: registrar, sin más, el entorno que le rodea, pero su decidido espíritu creativo es consciente de otras posibilidades que ofrece el nuevo medio, como es la ficción.

"Méliès elabora una cuidada composición de cada imagen al combinar decorados y actores, e incorpora, al mismo tiempo, una enorme variedad de efectos especiales (todo un portento si se piensa en la época de su realización)"

El azar le da una clave: un día de ese mismo año se halla rodando la Plaza de la Ópera. En un momento concreto se bloquea el mecanismo de la cámara. Méliès emplea unos instantes en arreglar la avería mientras la vida marcha: personas y vehículos continúan su paso. Enmendado el percance, prosigue la filmación. Al visionar el material revelado observa, al llegar al punto del percance, que un Ómnibus Madeleine-Bastille se ha convertido, de repente, en un coche fúnebre. Acaba de descubrir el truco de la parada que le dará mucho juego, y lo lleva inmediatamente a la práctica con Escamotage d´une dame chez Robert Houdin, en la que hace desaparecer a una mujer.

El hombre de la cabeza de goma (1901)


Su siguiente paso es construir un estudio en su casa familiar de Montreuil-sous-Bois, una estructura acristalada por todos sus lados y dotada con los más avanzados mecanismos e ingenios teatrales de la época, que irá perfeccionando durante sus rodajes. Allí el propio Méliès será el hombre orquesta: diseña el vestuario, pinta sus propios decorados, desarrolla efectos especiales, construye maquetas, sienta las bases de algunas técnicas (la sobreimpresión, la exposición múltiple, etc.), hace las veces de director, de intérprete, de guionista y por supuesto, despliega su desbordante imaginación. Además, funda su productora Star Films cuyo símbolo es una estrella negra de cinco puntas. Los grandes actores de teatro consideran al cine como un espectáculo menor, de feria, y el cineasta tiene que recurrir a feriantes, gentes del music-hall o amigos. Todavía no hay créditos ni estrellas cinematográficas. Películas como El hombre orquesta (1900) en la que en siete sillas sobre un escenario se expanden otros tantos méliès, cada uno con su instrumento musical; El hombre de la cabeza de goma (1901) que recoge el agrandamiento de una cabeza (la del propio director) al ser inflada como un globo, por otro hombre (también él); El melómano (1903) ingenioso filme en el que una vez más Méliès multiplica sus cabezas que hacen las veces de notas musicales, sobre un pentagrama formado por un tendido eléctrico, o El inquilino diabólico (1909), donde el personaje del título llega a una casa que amuebla a base de sacar de su maleta, sillas, espejos, cuadros, una chimenea, un piano, incluso a su mujer, sus dos hijos y la sirvienta. Construirá un segundo estudio, en 1905, y llega a rodar en ambos unos 500 títulos hasta 1912, la mayoría desgraciadamente perdidos.

"El propio Méliès será el hombre orquesta: diseña el vestuario, pinta sus propios decorados, desarrolla efectos especiales, construye maquetas, sienta las bases de algunas técnicas (la sobreimpresión, la exposición múltiple, etc.), hace las veces de director, de intérprete, de guionista y por supuesto, despliega su desbordante imaginación".

Sin duda alguna, su obra culmen será Viaje a la luna (1902), cuya imagen de la luna con un obús incrustado en uno de sus ojos se ha convertido en un emblema del cinematógrafo. El filme, dotado de una gran inventiva y de algo mas de ocho minutos de duración, está estructurado en 16 cuadros vivientes. Como la cámara se sitúa en un punto fijo, frente a los actores, Méliès elabora una cuidada composición de cada imagen al combinar decorados y actores, e incorpora, al mismo tiempo, una enorme variedad de efectos especiales (todo un portento si se piensa en la época de su realización). El primer cuadro comienza con una reunión de astrónomos donde un profesor barbudo expone su proyecto de viajar a la luna. Idea que inicialmente desata la polémica, ya que para los científicos reunidos es una auténtica locura. Finalmente, logran ser convencidos, y se apuntan cinco miembros del comité a la aventura del sabio. A continuación, las secuencias de la fabricación del obús en un taller, cuyo montaje es supervisado por los viajeros, y la construcción del cañón gigante que va a lanzarlo. Y llega el día de la partida. Los aventureros entran en el citado obús que posteriormente es introducido dentro del gran cañón y lanzado al espacio. La luna recibe el proyectil en uno de sus ojos. Tras el aterrizaje, los intrépidos aventureros salen al paisaje lunar. Tras un descanso, se introducen en una caverna con setas gigantes donde se enfrentarán a los hostiles selenitas. Tras unas escaramuzas con éstos, huyen hacia su obús situado al borde de la luna. Uno de los héroes, al colgarse de una amarra que sale de la punta del proyectil, hace que la nave, en cuya parte trasera se ha agarrado uno de los selenitas, se despeñe hacia la tierra. Allí aterriza hundiéndose en las profundidades del mar para luego emerger. Rescatados por un barco de vapor, son recibidos triunfalmente. En medio de desfiles y vítores, aparece, entre medias, el selenita que ha sido capturado.

Georges Méliès


La creciente industria cinematográfica impulsada por los cada vez más poderosos Charles Pathé y Léon Gaumont, produciendo más películas pero con menos presupuesto, va devorando paulatinamente la luz de Méliès. Se hunde económicamente, estalla la Primera Guerra Mundial, fallece su mujer, el Théâtre des Variétés-Artistiques que monta a continuación en uno de sus dos estudios dura hasta 1923, año en que, arruinado, tiene que vender Montreuil, a lo que se suma el desmantelamiento de su amado teatro Robert Houdin.

Y vino el olvido. El primer hombre que viajó a la luna, que conquistó los polos o descendió muchas leguas bajo el mar, se había convertido en un anónimo y venerable sesentón atrapado en el diminuto habitáculo de su puesto de juguetes y golosinas, en la estación de Montparnasse, con su segunda mujer Jeanne d´Alsy y antigua actriz suya. Casualmente, un día apareció por allí, Leon Druhot director del Ciné-Journal, que le reconoció. Más tarde, Jean Mauclaire, fundador de la sala de cine Estudio 28 en el barrio de Montmartre, organizará una gala con sus películas en la Salle Pleyell, el 16 diciembre de 1929. A lo que se añade su nombramiento de Caballero de la Legión de Honor y la concesión de un digno retiro en el Château d'Orly, propiedad de la Mutuelle du Cinéma, donde escribiría sus memorias y posiblemente, continuaría dejando volar su imaginación. Esa que le llevó a la luna sin moverse de Montreuil.


FUENTE: Kane 3



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